lunes, 21 de mayo de 2012

EL CUIDADO DE SÍ MISMO Y LA PERSONALIDAD SANA

POR KATHERINE MONTENEGRO SHAEK



Se presenta un concepto de salud mental como patrón secuencial de acción que contribuye a una experiencia satisfactoria de la vida. En relación con ello, la personalidad psicológicamente sana se define por la capacidad y la disposición para cuidar de sí misma en orden a esa experiencia.


El ensayo escrito por el catedrático de psicología Alfredo Fierro obedece al propósito de hacer otro tanto sobre un asunto bastante más limitado y en un listón no tan alto de los propósitos y tareas de la existencia humana: sobre la consigna practica y moral del cuidado de uno mismo; sobre la invitación a cuidarse como consejo que trasciende el testimonio de afecto personal y que se configura como observación dictada desde la sabiduría, desde el conocimiento. Se propone así, que “la capacidad de autocuidado es justo lo que caracteriza no ya a la sabiduría, sino pura y simplemente a la salud mental propia del adulto: a la integridad personal bajo condiciones ordinarias de la vida, con las dificultades normales del vivir, y no ante la tragedia o la adversidad extrema”.


El tema de esta exposición es decididamente interdisciplinar. Lo es, primero, porque en él se hallan interesadas diferentes disciplinas psicológicas: la psicología social, la del ciclo vital, el estudio y los modelos de personalidad, la psicopatología. Pero lo es también porque otras ciencias y otras fuentes de conocimiento, concurren a perfilarlo y concretarlo: la sociología, la historia, la antropología cultural, la filosofía y la ética. El punto de vista adoptado por Fierro será, sin embargo, el de una psicología de la personalidad de la cual se desprende una psicopatología. En esa perspectiva el ensayo se limita a poner orden en algunas ideas y evidencias que contribuyen a precisar qué se entiende por salud mental y por personalidad psicológicamente sana, madura.


Lo es también de índole práctica. Trata de conducir a una antigua reflexión moral, la de “cuida de ti mismo”, que entre otras reflexiones clásicas alternativas (como la de “sé tú mismo” o la de “llega a ser el que se eres”), está mejor fundada en lo que conocemos sobre el desarrollo acertado de la personalidad.


Para esto y según Fierro, es importante mencionar a autores como Maslow y Rogers. Donde se da pie para informar de un hecho cierto: “entre las distintas escuelas y orientaciones de la psicología han sido las de sello humanista y personalista las que se han interesado más, y con verdadera predilección, por cuestiones como personalidad sana, madurez personal y salud mental. Son también las que más han aportado a una producción editorial de divulgación sobre temas como bienestar personal y salud o trastorno mental, a menudo bajo la rúbrica de guías prácticas de autoayuda”. Las obras producidas por estos autores hablan de apreciaciones sobre asuntos como la felicidad, el bienestar, la superación de los conflictos, el afrontamiento de los problemas de la vida, la adaptación y la preservación del equilibrio personal o, más aún, el crecimiento personal.


En síntesis, el ensayo del psicólogo Alfredo Fierro, trata del examen de algunos conceptos básicos acerca del trastorno y la salud mental y luego, en aplicación práctica de la invitación al cuidado de uno mismo y del papel que este cuidado y la autorregulación comportamental, desempeña en un proceso de intervención psicológica.


•Autorregulación y cuidado de uno mismo:

La idea de que una persona psicológicamente sana es aquella que es capaz, está dispuesta y decidida a cuidar de ella misma en orden a una experiencia satisfactoria de la vida, se dirige con la antigua moral del “cuídate” y con el “autocuidado”, un tema común a muy distintas morales.


La conducta y capacidad de autocuidado es justo lo que caracteriza no sólo a la sabiduría, a la madurez, sino también a la salud mental propia de la persona adulta bajo condiciones ordinarias de la vida, incluidas aquellas condiciones adversas que forman parte de las dificultades normales del vivir.


Cuidar de uno mismo es entonces “un subconjunto dentro de cierto conjunto de comportamientos: los que tienen por objeto y término a la propia persona que se conduce. Son comportamientos que suelen compendiarse en la noción de (sí mismo). Consisten en un amplio sistema de actividades alrededor de dos principales focos: el autoconocimiento, los procesos cognitivos acerca de uno mismo; y la autoacción, las conductas operantes que -y en la medida en que- redundan en el propio agente. Es un sistema de gran relevancia, puesto que el comportamiento autorreferido es autorregulado y autorregulador: en sus entresijos se juegan procesos de decisión, que al propio tiempo son de autodeterminación y de autodirección en la vida. En las conductas autorreferidas la persona se hace dueña en alguna medida de la propia vida porque controla algunas de sus contingencias”, según lo aclara Fierro.


En este sentido no hay madurez humana personal y no hay “salud mental” o “personalidad sana” sin capacidad de gestionar para sí mismo, en autorregulación y autocuidado una experiencia gozosa de la vida.


•Bienestar personal y adaptación:


Puede tomarse al bienestar o a la felicidad como el mejor referente conductor para cualquier propuesta relativa a la dimensión de trastorno / salud mental e igualmente, en otro plano más de raíz, a la de trastorno de personalidad / personalidad sana.


En la actualidad suele reconocerse que no hay un solo elemento o criterio para caracterizar la conducta “anómala” o trastorno psicopatológico; pues el conjunto es bipolar y por lo tanto, la dimensión de trastorno frente a salud mental es de naturaleza multidimensional.


Dentro de los elementos involucrados en dicha bipolaridad, el más estudiado por Alberto Fierro en su ensayo, es el de bienestar o satisfacción personal en la vida frente a la insatisfacción y el malestar: estar mal y sentirse mal.
Así el psicólogo subraya que “el bienestar es también un (ser bien o buen ser): no mera supervivencia, sino calidad en la vivencia; no simple ausencia de sufrimiento, no meros goces o placer, sino gozo y gusto por la vida, o sea, y en una palabra, -felicidad- en el sentido más completo. Se trata del bienestar personal, subjetivo y percibido, y no directamente del bienestar objetivo, consistente en las condiciones o circunstancias de la vida (comodidades, seguridad, nivel económico, salud física). Se trata así mismo de felicidad o vida feliz en un análisis donde el estudio del comportamiento y de la vida concurre con la más sólida tradición de la filosofía”

Es razonable, por eso, reconocer al bienestar como primer indicador y dimensión principal pertinente a la salud mental, y además, como elemento por sí mismo integrante de ella.


•Salud mental y Personalidad sana:


Alfredo Fierro puntualiza en su ensayo que “no se está afirmando que personalidad sana o saludable sea la persona que goza de bienestar subjetivo. No se afirma simple identidad entre bienestar, o satisfacción en la vida, y salud mental. Se declara que ésa es a fin de cuentas la única dimensión relevante, en los fenómenos de trastorno o salud mental. El bienestar personal es cualidad indicativa de salud psicológica, pertinente a ella, a caso constitutiva de ella. Por otra parte, ese bienestar, felicidad o satisfacción en la vida depende tanto o más de circunstancias externas que de la propia acción del individuo”.


Por eso mismo la salud mental no puede ser considerada en confrontación inmediata, como bienestar, satisfacción o experiencia positiva de la vida. Ha de concebirse más bien como capacidad de autoprocurarse unas vivencias satisfactorias. Así, pues, se propone entender por salud mental no el hecho de ser feliz, sino la capacidad de serlo, de autoprocurarse una experiencia satisfactoria de la vida en lo poco o mucho que esto dependa de la persona misma.
Por otra parte, lo que en un nivel de análisis se formula como comportamiento psicológicamente saludable puede y debe ser trasladado también a otro plano, el de la personalidad, como potencial de comportamiento: como capacidad y asimismo también como preferencia, disposición o predisposición.


“La personalidad tiene que ver, con lo que el sujeto hace y ha hecho, con su conducta real, en el sentido conductista más estricto, pero asimismo –y más allá del análisis conductista al uso- con lo que es capaz o no de hacer, con lo que está o no dispuesto a hacer, predispuesto, propenso a realizar, o, por el contrario, indispuesto”, según lo indica Fierro.


De acuerdo con una noción de personalidad como potencial de conducta, personalidad sana será, en consecuencia, potencial de bienestar y “bien ser”; será así la capacidad de procurarse unas vivencias positivas y satisfactorias, una experiencia de vida feliz en lo que depende de uno mismo. Ese potencial de conducta en orden a una vida deseable, por otra parte, no es un potencial innato; es sin duda, y en máxima parte, adquirido y modificable.


•Psicoterapia y Autorregulación:


La persona o el paciente que no es capaz de cuidar de sí mismo y no es capaz tampoco de salir por sí solo de su situación, necesita de psicoterapia, de terapia de conducta, de asistencia, consejo o intervención psicológica.
Alfredo Fierro afirma que “una intervención psicológica busca: la reducción del sufrimiento, la negociación de conflictos interpersonales, la solución de problemas vitales, la orientación, el consejo o asesoramiento, en general. Los profesionales del comportamiento trabajan por mejorar las condiciones de vida, de experiencia, en todo el rango de ellas, de su calidad. En lo tocante, sin embargo, al eje o plano de salud y trastorno mental y, aún más claridad, al de personalidad sana y trastorno de personalidad, su intervención concierne a una capacidad humana básica, la de autoprocurarse una experiencia satisfactoria, autogestionar y autorregular calidad en la propia vida. Psiquiatras y psicólogos tratan entonces, de la incapacidad de los sujetos para vivir”.


Con todo esto se busca una reflexión que nos induzca a lograr la sabiduría de vivir; donde en materia de conducta no hay intervención profesional externa que produzca cambio si no es con la colaboración y participación del propio sujeto. Es decir, cada persona debe obtener posibilidades de cambio por sí mismo.



“En eso el paciente debe administrar su propia medicina” Macbeth.


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